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NASCAR y la discriminación

Dos días previos a la carrera, el fotógrafo llegó antes de las 8 de la mañana para la sesión de trabajadores de la lente. Sin estacionamiento qué ofrecer a los medios de información por parte de los organizadores

06 de Marzo de 2007   /  César Roy Ocotla / Columnista  /   Dos días previos a la carrera, el fotógrafo llegó antes de las 8 de la mañana para la sesión de trabajadores de la lente. Sin estacionamiento qué ofrecer a los medios de información por parte de los organizadores de la serie NASCAR Busch en México, este compañero tuvo que buscar un lugar dónde dejar su auto y trasladarse a pie por cerca de un kilómetro a las instalaciones de la Magdalena Mixihuca. Sólo para llegar al lugar de la cita y perder su derecho a esta actividad.

Luego vino la conferencia de prensa del viernes con Juan Pablo Montoya, colombiano, latinoamericano, parlante en español, ante medios en su mayoría hispano-hablantes, pero haciéndolo en inglés (porque los organizadores de NASCAR son norteamericanos). ¡Vaya discriminación lingüística y también racial de estos advenedizos!

Pero esto apenas era el comienzo.

Dos errores de Telcel y su pull de patrocinadores de la carrera: Despliegan en la prensa escrita un anuncio enfrentando a Juan Pablo Montoya con el empresario Adrián Fernández. El sudamericano calificó tercero, el mexicano en el lugar 17. ¿Dónde quedó el emparejamiento de tal rivalidad cuando no hay rival de respeto para el bogotano? En todo caso debió haber sido Scott Pruett, alguien del tamaño de Montoya.

La segunda pifia: Otro anuncio poniendo encima de la foto de Rogelio López, aguascalentense de origen, la bandera de Estados Unidos. ¡Dios santo y la veneración a lo ajeno! ¡Revive Santana en la casa de Telmex! (Aunque haya sido para identificar más que al piloto al tipo de competencia: NASCAR Busch o NASCAR México), esto fue un error.

Carlos Contreras, el más experimentado de los pilotos mexicanos en la NASCAR, primero incursionando en pickups hace años y ahora en turismos tubulares, con unos kilos de más de peso, fue quien sacó la casta para los ocho nacionales que intervienen en esta fiesta del automovilismo en nuestro país al arrancar en segundo sitio pero sin el soporte que tienen los grandes presupuestos de los equipos punteros. Alcanzó finalmente un lugar 35.

--¿Vamos, se va a tratar de sólo resaltar lo malo?

-- Pues vamos, ¿en qué periódico lees la verdad que sólo se comenta entre los periodistas  pero que pocos de ellos se atreven a mencionar en sus notas?

-- Pero también hay que hablar de lo bueno.

-- De eso se encargan el 99% de los otros medios. En México y en el país ya es tiempo de acabar con la simulación de que todo está bien y aunque sea visto como poco elegante por muchos hay que hablar con la verdad. Se tienen que mostrar los dos o más lados de los acontecimientos y no esconder la basura bajo la alfombra. ¿O qué nunca vamos a cambiar y a hacer las cosas mejores?

Y los latinoamericanos aprenden pronto de los estadounidenses en esto de la discriminación racial. Allí estaba Juan Pablito Montoya y su gran fama de buen piloto en la Fórmula Uno, haciendo “berrinches” porque perdió la puesta a punto de su auto, peleándose con su equipo y desquitándose con la prensa mexicana a la que trató igual que los artistas de la farándula a los reporteros. Aún con ello, nada le quita su gran mérito de haber ganado la competencia del domingo a pesar de una agresiva, brusca maniobra contra Scott Pruett.

Montoya recibió el apoyo de la afición gracias a la manipulación que hizo del micrófono quien dirigió la crónica.

Hablando de Pruett, este estadounidense que demostró la gran calidad de piloto que es, primero ganando competencias de Grand AM y ahora en los stock cars. No sólo le arrebató a Carlos Contreras la arrancada en primer lugar sino que impuso récord de pista en las sesiones del sábado. Pero lo que más se puede establecer en México de este corredor es su ayuda a los pilotos mexicanos como Luis Díaz a quien enseñó muchos trucos de pista y consejos que le servirán por el resto de su vida como as del volante. Ahora es el turno de Memo Rojas (no vamos a decir junior porque su papá ya no corre), quien compartió con el estadounidense el mando de su prototipo.

La mancuerna Pret-Rojas se quedó con el cuarto lugar de la Grand AM que se corrió el sábado y donde vencieron Jon Fogarty y Alex Gurney en un rápido Pontiac.

Vimos al temerario Rubén Pardo, un extraordinario y valeroso piloto mexicano que tiene el talento aunque no el dinero para incluirle buenos componentes al auto y que debe de aceptar las invitaciones de las escuderías gabachas para ver qué puede hacer pero sin entrenamiento constante, recursos –ya lo dijimos—pero con mucho valor. Pardo es otro Luis Díaz a quien habrá que darle oportunidades más grandes, ya que ahora le tocó un auto que no funcionaba bien y tuvo que abandonar al igual que Antonio Pérez.

De Luis Díaz habría que preguntar ¿qué sucedió con el llamado hermano de  Adrián Fernández que no tuvo un asiento en la NASCAR Busch?

Excelente la estrategia de entrevistas de ESPN de Estados Unidos quienes entrevistaron ¡a Juan Pablo Montoya al volante durante la carrera! Eso sí fue una entrevista oportuna. Bien por Televisa Deportes que por fin no se quedó con los brazos cruzados a esperar la señal internacional e hizo su propio trabajo con Chacho Medina, Tony Menchaca y el pequeño Bolaños, así como el soporte periodístico desde los pits (aunque sin poder entrevistar a nadie).

A quien sí le echaron a perder el trabajo fue al comentarista principal de Fox Sports.

El análisis sensato nos dice que Juan Pablo Montoya pudo esperar un momento más oportuno para rebasar a Scott Pruett y este cometió el error de no mirar el espejo retrovisor y ver que el colombiano venía con todo para rebasarlo. Si este hubiera rebasado a Pruett, el estadounidense conseguiría el segundo sitio y no el quinto.

Del público, comentar que estuvo confundido porque no había suficiente señalización sobre lugares, entradas y secciones para la tribuna mientras la llegada de vehículos se complicó con un Viaducto conflictivo por obras. Los organizadores sólo pudieron publicar un desplegado el día de la carrera, domingo, con poca gente pudiéndose informar oportunamente.

No llenaron las tribunas los organizadores y tuvieron que retacar los cientos de butacas ubicadas en la zona de las “eses” con boletos de cortesía.

En tanto, la discriminación hacia la prensa nacional se vio hasta en las transmisiones televisivas con acceso restringido a las cámaras locales. ¡Vaya negocio señores de OCESA!




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