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Decíamos en este mismo espacio hace unos días que la celebración de la última fecha del serial Champ Car en el Distrito Federal estaría llena de errores en la organización, desde la promoción hasta la acreditación de medios
Sólo así se pudo cumplir con el rito de “u-na-ex-ce-len-te - ca-te-go-rí-a-del-au-to-mo-vi-lis-mo-mun-dial” pregonada por los comentaristas de la televisión comercial. Las demás tribunas no existieron. ¿Qué le gusta a usted: 10,000 personas a lo más? ¿Dónde quedaron las 50,000 del tiempo de la Fórmula Uno en 1996?
Los cantantes del Himno Nacional fueron traídos directamente de la esquina de los “burros” de la Academia, fantástica idea del señor Ricardo Salinas Pliego para llenar los tiempos musicales de su televisora con aprendices de aprendiz, y sin tener que pagarles. Obviamente hubo errores de entonación de los aficionados que hicieron menos el que debería ser, por lo menos, el acto más emotivo de la ceremonia. ¡Qué horror permitido por OCESA! No hubo campana para los desafinados chicos.
El animador se desgañotaba para emocionar a un público que vio un evento tan gris como el resto del día con lluvia. La verdadera diversión fueron los chiflidos a la Leege que provocó que Mario Domínguez tuviera que verse forzado a entrar a fosos.
Mario Domínguez y su desventura. El ya merito mexicano pero por culpa de las circunstancias no pudo pelear. Y los comentaristas de la tele apostando a que a ver si puede hacer algo el Super Mario con cuatro vueltas perdidas en pits. El elogio a la suerte, a ver si se puede. Un volado. La esperanza muere al último.
El dinero de Pemex invertido en el auto, tirado a la basura. Pero eso sí, los anuncios de las gasolineras Premium que se ganan el título de calidad por vender litros de a litro, apoyadas por el piloto-locutor Mario Domínguez (ojo con lo que anuncias Mario, esos establecimientos ya fueron denunciados en Profeco por reincidir en sus deshonestidades).
Pero con todo, Mario, mentándole la madre con el brazo a la inglesita Katherine Leege, y con el apoyo del público que para las broncas muestra su solidaridad, termina en 17, o sea en último lugar. ¿Habrá sanción para la falta de respeto del mexicano?
Cuando Ayrton Senna corrió en México y desaprobó la curva peraltada del circuito mexicano se dio la orden de acabar con ella y con eso, el alma del Autódromo Hermanos Rodríguez. Ahora, sin peraltada, miedo a la curva sin peralte y la necesidad de meterle una chicana a la recta anterior para disminuir la velocidades y cuidar a los nenes que corren. ¿Ven por qué pierden público?
Por todo esto, cuando pregunté a un amigo: “¿Qué te pareció la carrera de Champ Car?” Sólo me contestó: “La Champ ¿qué?”. Sin comentarios.
El Desafío es eliminarse
Claro que los aficionados estarían felices de ver a los desafiantes del Desafío Corona eliminarse unos a otros como consigna no deportiva. Pero ni ese gusto se puede dar el respetable porque las carreras del serial lucen desiertas de público, como fue el caso de ayer en la penúltima fecha en el autódromo de Amozoc, allá en Puebla.
Freddy Tame, cuya esposa, la exnovia de Michel Jourdain Jr., casi se lidia a golpes en carreras pasadas con otra distinguida dama, golpea con la punta de su coche por atrás a Germán Quiroga, quien se pudo llevar el primer lugar pero el buen Freddy lo evitó al no permitir el rebase en la última vuelta.
Un desafío que cumple a cabalidad con su significado. Desafiarse como guerreros romanos en la pista… y fuera de ella.
Una competición que se ha llevado a los puños y a las mentadas de madre entre unos y otros en la pista.
¿O quién puede negar que los cerrones y golpes entre los autos de Antonio Pérez y Pepe Garfias para quedarse fuera los dos son verdaderas proezas del circo romano?. Estos gladiadores del asfalto ya se traen entre ceja y ceja desde hace varias carreras.
¿Y qué decir de la actitud de Rafael Martínez que se fue con todo contra el auto de Carlos Pardo y lo deja fuera de la pelea por el título con un Rogelio López Jr. ya con el título en la bolsa? Claro, se le puso bandera negra y luego ponchó llanta. Pero la actitud reincidente allí está. ¿Dónde están los pantalones de aquella Comisión de Pista que hace 10 años se hacía respetar por simple aplicación del reglamento?
Tribunas vacías donde el negocio de la carrera ya no es la taquilla sino la televisión. ¿Entonces para qué tanta parafernalia en pista?
Por si la parte de los pilotos no fuera elemento suficiente para analizar por parte de la Comisión Nacional de Pista, está el hecho de que por segunda vez en ese circuito el sistema computarizado se les volvió a caer, por rememorar las grandes hazañas del entonces secretario de Gobernación Manuel Bartlett en el sexenio de Miguel de la Madrid. Y al igual que en aquella ocasión ganó Rogelio López Jr. la carrera, lo que prevalece es la incertidumbre por lo que es lo correcto y lo que no lo es.
Los spotters no sabían quién iba ganando ni a qué hora se hicieron los rebases. Y luego la formación de salida que como es alargada, los coches se forman como entradas del Metro, unos sobre otros. No hay respeto a las reglas y aunque los oficiales de pista retrasan la salida, los autos vuelven a “defensear” entre uno y otro la fin de ganarle la salida al de adelante o provocarle un despiste donde se podrá decir con gusto “uno menos”.
Freddy Tame Jr. gana, sí. Pero ¿quién fue el verdadero ganador? La impunidad.
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