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Cuando hace dos años se filtró a los medios la “noticia” que la Fórmula Uno regresaba a México y que Cancún sería su sede, amigos de América del Sur me contactaron de manera inmediata para pedirme más información. Tuve que hacer varias llamadas a Quintana Roo con mis contactos en el gobierno estatal para darme cuenta que sólo había sido un adelanto a la prensa de un proyecto que aún no tenía autorización para realizarse –la construcción del circuito—y menos un apoyo fehaciente de las autoridades estatales, municipales y de patrocinadores.
Entendí entonces la manipulación: Se da este aviso para atraer la atención de inversionistas locales y foráneos; se presiona a las autoridades a dar el permiso y el soporte necesarios y se hace ver a la Federación Internacional de Automovilismo, FIA, que el Gran Premio va.
Expliqué a mis amigos sudamericanos que esto era sólo un canto de sirenas. Todo se fue para abajo simple y sencillamente porque no tuvo cimientos. Fue sí, un proyecto viable, pero en donde no se supieron hacer las cosas fundamentalmente por falta de dinero.
Bernie Ecclestone, titular del Campeonato Mundial de Fórmula Uno, anunció el sábado 1 de julio en Indianápolis que México tendrá para el 2009 otra vez su Gran Premio al igual que Corea del Sur.
Quienes tenemos años en estos ajuares del automovilismo, y que de alguna manera nos hemos alejado de los intereses creados por los grupos antagónicos que se quieren adjudicar el título de organizadores del Gran Premio, sabemos que Bernie juega un papel similar al de los promotores mexicanos: Presenta a los equipos de la Fórmula Uno un plan futuro para el máximo circo, con proyectos, planes, programas. Todo para conseguir que las escuderías amarren desde ahora su participación hacia tres años adelante. Pero con pocas cosas seguras.
Pero el Gran Premio de México, hasta hoy, es sólo eso: un logotipo.
El mensaje de Ecclestone debe ser tomado con mucha cautela dada su desesperación por asegurar al Gran Premio de Estados Unidos en Indianápolis e incluso conseguir una segunda fecha en Las Vegas y por ofrecer nuevas aventuras traducidas en circuitos emergentes..
Hoy mismo los fabricantes de la Fórmula Uno, Renault, BMW, Toyota, Ferrari, Mercedes-Benz a través de DaimlerChrysler, Honda, entre otras, no están de acuerdo con las medidas asumidas por Bernie Ecclestone y el propio Max Mosley, titular de la FIA, de cambiar los puntos del reglamento de la F1 en cuanto a motorizaciones. Estas modificaciones le cuestan mucho dinero a las armadoras que, de por sí, tienen problemas financieros fundamentales. Y amenazan con irse a los tribunales contra la FIA.
Por otro lado, Indianápolis se ha venido a convertir en toda una pesadilla. Los aficionados norteamericanos amantes de su tipo de automovilismo (el de mucha potencia aunque sea en óvalos), ven con recelo a la F-1 a la que siempre quisieron igualar a la entonces famosa Indy Car (hoy Champ Car en extinción). Recordemos la negativa de los pilotos para correr el circuito por inseguro el año pasado. Arrancaron seis coches. Hoy, el domingo pasado pues, sólo las tribunas de la recta principal tenían gente; las demás estaban totalmente vacías. Así castigaron la farsa de carrera del 2005. Y así se perdió dinero por falta de afluencia. No fue un buen negocio y esta pista amenaza con cerrar para el 2007. Mosley y Bernie se ven obligados a negociar cuando antaño desdeñaban a los organizadores norteamericanos. Cómo cambia la vida.
Ecclestone promete a las escuderías contar con cinco Grandes Premios más: Las Vegas, Corea, México y el regreso de Bélgica en Francorchamps e Italia con su circuito de Imola. Pero las firmas automotrices que son las que mantienen en gran parte al máximo espectáculo automotor, no quieren saber ya nada de 19 fechas otra vez. Demasiados costos, dicen.
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